…Un optometrista en la india, 2ª parte…

La aventura continua….

Después de los maravillosos días que había pasado en la aldea de agricultores de Jaubari en casa de Pasan Karma Sherpa …..

Cargué mis bartulos en la  “Poderosa” y momentos antes de subir se acercaron los abuelos de la casa.

Ella me ofreció un vaso de leche de vaca con miel y especias (como es tradición en Sikkim),cuando me lo bebí, la abuela me dió un fuerte abrazo en el que sentí una energía especial y protectora que me acompañaría en el resto del viaje.

El abuelo se acercó sonriente, me miró fijamente a los ojos y con su lengua natal me agradeció la visita.

Sus palabras retumbaron en mi pecho y en mi corazón se grabó un sello de amor puro, en agradecimiento a la felicidad de los momentos vividos con la familia.

Era momento de partir, cogí la ofrenda de semillas aromáticas y cardamomo, el plato de cobre, y el echarpe blanco que me anudaron alrededor del cuello para darme suerte en el camino.

Partí con lágrimas en los ojos hacia el oeste, mi próximo destino El Lama de las Montañas y su colegio…

West Sikkim

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Me dirigía hacia el oeste a los lomos de “La poderosa” observando los maravillosos  extensos campos de arroz aproximándose al momento de recolección.

En ese momento vino a mi mente la conversación que tuve con mi amigo Ong de Jaubari…

En la primera etapa de mi viaje me sorprendió un detalle importante, este era, que a pesar de la pobreza en la que vivían  no veía gente pidiendo en las calles como en otros países, le traslade mi curiosidad a Ong y el me contó que el Gobierno de Sikkim proporcionaba un saco de 25 Kg de arroz cada trimestre a las familias más desfavorecidas y así junto a sus huertos aseguraban la alimentación de sus habitantes.

Pronto comprendí que si querían comprarse unos vaqueros o algo más importante como unas gafas para ver, debían de ahorrar durante años.

Era por eso que cuando la gente perdía visión, dejaba de leer , coser o cualquier actividad/trabajo en el que fuera preciso tener buena vista.

Todo esto le daba mucho más sentido a mi viaje e interiormente me sentía realmente útil y sus sonrisas de agradecimiento llenaban mi corazón.

Pero mi camino no fué tan fácil…. de pronto empecé a escuchar ruidos en  “La Poderosa” y pronto le siguió un gran “ CRANNNN”.

Paré en la cuneta repasando mentalmente las partes de la moto más delicadas y al mirar hacia el porta-equipaje, ví que lo tenía partido por dos sitios, afortunadamente llevaba conmigo una cuerda con la que pude hacer una “ñapa” casera para poder llegar al primer pueblo que estaba a 20km, Sombaria.

Al llegar allí pregunté dónde encontrar un taller y enseguida me indicaron donde estaba, el mecánico se sonrió nada más verme y enseguida supo lo que le pasaba, se dispuso a soldar las piezas que había partido, lo más alucinante de ese momento fué que las soldaba sin máscara ni protección y refrigeraba el hierro incandescente con un chorro de agua, me quedé impactado!! Arreglada la moto, continué mi viaje…..

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Llegué al desvío que te dirige hacia el Monasterio del Gran Lama, lo cogí y pronto pude ver el monasterio Budista en el que se encontraba.

El lugar transmitía tranquilidad e invitaba a la meditación, el Gran Lama me estaba esperando con sus doce jóvenes monjes en etapa de formación, juntos me enseñaron el monasterio en su interior e incluso me permitieron hacer fotografías.

Les entregué como habíamos pactado, mi ofrenda de gafas que coloque junto a los cuencos de candelas hechas con mantequilla, cuencos de arroz, frutas, galletas y zumos, ellos a cambio me regalaron, sonrisas y la promesa de que las repartirian a quien más las necesitase.

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Allí tomé un día de descanso respirando la paz y la calma del lugar, al partir a la mañana siguiente el monje estaba cambiando el agua de  los cuencos de las candelas de mantequilla frente a la imagen del Dalai Lama y al terminar su tarea se acercó a despedirse de mí me regalaron un par de manzanas cogidas de la ofrenda, entonces comprendí que dar es siempre recibir y que el amor incondicional no tiene límites ni fronteras.

Camino al gran Kanchenjunga

Mis días posteriores transcurren bajo la suave pero incesante lluvia tropical, ya me había  acostumbrado a ella y deja de ser un problema en mi viaje con la “Poderosa” .

Pasé por el santuario de vida salvaje de los Rododendros en Barsey, es una oportunidad poder contemplar la flora alpina tropical del Himalaya con los pandas rojos que habitan allí.

Poco a poco me iba acercando a la tercera montaña más alta del mundo, cercana al Everest, justo en la frontera con Nepal y a 8.586 m , “Kachenjunga” la posibilidad de observar la montaña de cerca me atraía enormemente así que dirigí mi rumbo hacia Pelling, un pueblo turístico  con bastantes hoteles que alojan a grupos de montañeros para iniciar multitud de rutas de trekking.

Al llegar a Pelling me busqué el modo de no estar en un hotel y vivir la experiencia del

“Home Stay”. Pronto ví una casa que ofrecía 3 habitaciones y comida, el exterior era humilde y al alzar la mirada encontré un cartelito de bienvenida que decía “Leave your ego outside”, en ese momento supe que ese era mi sitio!!

Conocí a Ruby, la señora que regentaba el lugar, enseguida conectamos hablando sobre el país, los monasterios y los lugares preciosos que rodean el pueblo que se pueden visitar así que después de la conversación tan agradable decidí que ese Home stay sería mi campamento base para así poder moverme con mayor soltura sin tener que llevar en la poderosa todos las maletas.

Al despertar en la primera mañana pude contemplar la cordillera nevada del Kachenjunga, fué un momento sobrecogedor y eso hizo darme cuenta de que me ecantaría volver a verlo con mi mujer Carmen y mis amigos siguiendo el trekking del Gotcheala .

En la casa también vivían Susan y Nisan , una pareja de alegres jóvenes que me ayudaron a repartir las gafas. Con ellos compartí sus vidas, les acompañé a un funeral a una aldea recóndita en el que me sorprendió la ausencia de tristeza, era más bien una fiesta de despedida deseando al muerto una próspera reencarnación.

Estuve en el homestay como si fuera un miembro más de la familia, hablando sin parar, compartiendo todo e incluso me prepararon un fiesta de despedida en la que cocinaron tortilla de patata siguiendo un video en YouTube!!!

Por todas estas cosas y muchas más decido siempre alojarme en lugares así en vez de en hoteles.

Tocaba ya hacer camino para volver y justo ese día recibí la noticia de que la carretera había desaparecido tras un desprendimiento gigante que se llevó 100 m al barranco, enseguida me ofrecieron la solución .Deje la moto en Pelling y viajé en taxi hasta el corte, allí  caminé por un sendero en la selva de 30 minutos para después subirme a otro vehículo al otro lado para dirigirme a Dentam, donde pasé unos días recorriendo las montañas donde encontré las personas más mayores y más sanas que jamás había conocido y así descubrir “el gran secreto de la longevidad” pero esta aventura la leerás en la tercera y última parte …